Estos son los ecos de la oscuridad, aquellos de los que no podemos desprendernos, aquellos que llevamos dentro, anclado a nuestros corazones, nuestros caminos son tan cortos y sombríos, y nunca sabremos en que punto hemos de lanzar nuestra larga cadena de la desesperación, aquella que parece caer, enrabietada, buscando el profundo abismo, huyendo de las miradas y de toda luz.Estos son los ecos de la gran destrucción, donde los grandes misterios de la humanidad parecen revelarse, donde por tan solo un instante; tan fulminante y fugaz como la mordedura de una serpiente, pero a su ves tan eterno e infinito, este el principio de la gran tempestad, aquella donde los dulces cantos, son cubiertos en histeria, donde los angelicales arcos de colores son borrados en nuestras oscuras miradas, para nunca jamás ser recordados; este es el principio del fin, el día donde todo rastro de luz de esperanza muere en su dulce locura.
Nuestros rostros; son el pálido reflejo del enfermo que nadie quiere mirar, de aquel que muere en melancolía, de aquel que desborda la tímida sonrisa animal anunciando su cacería.
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